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Por: Padre Alberto Ignacio González

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Jueves Santo: Ex 12, 1-8.12-14; Sal 116; 1 Co 11, 23-26; Jn 13, 1-15.

En la empresa privada existe el concepto llamado “ghost shopping” que consiste cuando el dueño de la empresa se hace pasar por cliente, en algunas ocasiones, para evaluar los productos y servicios de su empresa. O, en algunos casos, se convierte hasta en un simple empleado para evaluar el desempeño de los gerentes. Dave Thomas, dueño y fundador de los restaurantes de comida rápida “Wendy’s,” llegó a hacerlo en múltiples ocasiones sin que se dieran cuenta.

Hoy Jesús, siendo el Hijo de Dios y la plenitud de la revelación de Dios, decide lavarle los píes a sus discípulos. Con este gesto Cristo decide hacer una tarea que por lo general la hace el esclavo de la casa cuando se recibía a un huesped como gesto de hospitalidad. Es evidente que está dispuesto a ocupar el puesto más bajo de todos para transmitirle a sus discípulos una enseñanza. Por otro lado, ejecuta este gesto en la mesa y no en la entrada de la casa como se acostumbraba a hacer.

Es evidente que Pedro no entendió este gesto simbólico de humillación ante todos. Por eso se niega a que Jesús le lave sus píes. Por eso Jesús le advierte que negarse a que le lave los píes es negarse a recibir un don. Es como negarse a recibir una bendición que Dios tiene para él. Además, Jesús le advierte que este gesto lo entenderá mejor más adelante, presumiblemente cuando llegue el día de su resurrección.

Al lavarle los píes a sus discípulos Jesús muestra la magnitud de su amor por sus discípulos, tan grande que está dispuesto a tomar la posición de un esclavo. Cristo se rebaja a sí mismo para que podamos todos obtener el modelo de salvación. Este modelo consiste en darse completamente uno mismo como ofrenda de amor al prójimo para que el prójimo obtenga la salvación. Por virtud de nuestro bautismo todos somos agentes del amor de Dios cuando estamos al servicio del prójimo.

Este regalo de amor de Dios por nosotros se refleja además en la Eucaristía. En la Eucaristía Dios se hace comida para sostenernos a nosotros en nuestro caminar por la vida y nos lleva a la vida eterna. Por ese mismo amor Dios pasa además sobre el Pueblo de Israel a través del “Ángel de la Muerte” para protegerlos de las garras de la muerte. Dios es amor y la Pascua nos invita a participar del amor de Dios compartiendo ese don con nuestros hermanos en el servicio.

Asi como el dueño de una empresa se hace pasar por empleado para evaluar el desempeño de sus empleados, Cristo toma hoy la posición de esclavo para darnos el modelo de amor para el mundo y nuestro desempeño siempre será evaluado a la luz del amor a Dios y amor al prójimo. Por eso San Juan de la Cruz nos enseñó que “en el atardecer de la vida seremos examinados en el amor.” ¿Tenemos un itinerario de servicio al prójimo? Ese itinerario es el que nos llevará a obtener la salvación.