Medalla Milagrosa y Cadenas - Decenario para Bolsos, Carteras y Llaves

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El Decenario. El Rosario que se va contigo a todas partes.

Hay días en que el Rosario grande se queda en la mesa de noche. Este no. Este sale en el bulto, en la cartera, en la maleta, en las llaves. Donde tú vayas, va la oración.

Con él rezas una decena cuando apenas te da el tiempo… o le das cinco vueltas y rezas el Rosario completo. El mismo Rosario. La misma Mamá. Solo que ahora te cabe en la mano cuando el pecho se te aprieta en una sala de espera, en un aeropuerto, o en el carro antes de entrar a lo que te espera.

Cada pieza lleva medalla y crucifijo originales italianos, perlas de fantasía de brillo suave y cristales facetados que agarran la luz. Es liviano. No carga el bolso. Pero se siente. Se siente que no saliste sola.

La Medalla Milagrosa queda al centro colgando de cadenas, acompañada de una pequeña medalla de San Benito. Quien camine a tu lado las va a ver. Y tú, cada vez que busques las llaves o abras la cartera, te vas a acordar de rezar.

Para ti. O para esa persona que amas y que hoy está cargando más de lo que dice.

Porque hay oraciones que no se pueden dejar en casa.

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El Decenario. El Rosario que se va contigo a todas partes.

Hay días en que el Rosario grande se queda en la mesa de noche. Este no. Este sale en el bulto, en la cartera, en la maleta, en las llaves. Donde tú vayas, va la oración.

Con él rezas una decena cuando apenas te da el tiempo… o le das cinco vueltas y rezas el Rosario completo. El mismo Rosario. La misma Mamá. Solo que ahora te cabe en la mano cuando el pecho se te aprieta en una sala de espera, en un aeropuerto, o en el carro antes de entrar a lo que te espera.

Cada pieza lleva medalla y crucifijo originales italianos, perlas de fantasía de brillo suave y cristales facetados que agarran la luz. Es liviano. No carga el bolso. Pero se siente. Se siente que no saliste sola.

La Medalla Milagrosa queda al centro colgando de cadenas, acompañada de una pequeña medalla de San Benito. Quien camine a tu lado las va a ver. Y tú, cada vez que busques las llaves o abras la cartera, te vas a acordar de rezar.

Para ti. O para esa persona que amas y que hoy está cargando más de lo que dice.

Porque hay oraciones que no se pueden dejar en casa.